פרשת


כי תבוא



PERASHA


KI TABÓ



Viernes 20

ENCENDIDO DE VELAS 18:28 hs.

Sábado 21
FINALIZA 19:28 hs.




SHABAT SHALOM!

 

Luaj

"¿QUE QUIEREN DE MI?"

por Shelo Duer.

"לא זה הדרך ולא זה העיר " “No es este el camino, ni es esta la ciudad” (Melajim II 6;19) Siempre que tenemos que tomar una decisión en la vida, tenemos dos puntos a considerar: cuál es la meta, y cuáles son los caminos para llegar a la misma. Nos encontramos ya, comenzando el mes de Elul, que es el principio de un camino, el cual todos ya conocemos. Sabemos cuáles son sus paradas: Elul con sus Selijot, días especiales donde aumentamos en Torah y tefilá; Rosh Hashana: el día del juicio; Azeret Ieme Teshuvá, los cuales son días llenos de ayuda desde el cielo para remediar nuestras fallas, y Iom Kipur: el día más santo entre los santos. Todos estos son “el camino”. Pero aún nos falta reconocer cuál es la “ciudad”, ¿a dónde nos dirigimos transitando por este camino? En verdad, el camino no termina en Kipur, sino que en Simjá Torah. Ese día en el cual abrimos el eijal y decimos "אתה הראת לדעת כי ה' הוא האלוקים אין עוד מלבדו", reconocemos que no hay nadie más que el Bore Olam. Dice el Rab Pinkus zz”l que la finalidad de todo este grandioso camino en el que nos encontramos, es llegar a Simjá Torah con la plena convicción que EN OD MILEVADO. De eso se trata todo el trabajo que debemos hacer en estos cincuenta y un días. Ahora ya tenemos claro cuál es el camino y hacia dónde nos dirigimos. Pero, aún nos falta entender para qué nos dirigimos hacia allí, con qué propósito. Ya que, por ejemplo, dos personas viajan a la ciudad en el mismo vehículo. El camino y la meta de ambos, es la misma. Diferente es el propósito de cada uno. Este va a la ciudad por negocios, y el otro, en cambio va porque vive allí. Entonces, si bien sabemos que la meta es reconocer que todo lo que sucede es única y exclusivamente por la decisión de Hashem, todavía nos falta tener una finalidad practica más clara. Antes de seguir, debemos analizar la siguiente incógnita. Bore Olam entregó la Torah a los yehudim que salieron de Egipto, quienes por medio de las plagas y los milagros, pudieron palpar la mano divina, tal como dice el Talmud que alcanzó a ver una sirvienta en el Mar Rojo, lo que no pudo llegar a ver el profeta Iejezkel. Se la entregó a Moshé Rabenu, quien tuvo la máxima categoría que un humano puede alcanzar. Se la entregó a los profetas, a los Tanaitas y Emoraitas. Se la entregó a los grandes eruditos del Talmud. Si es así, ¿Qué se espera de nosotros? ¿Acaso de nosotros, gente simple, gente mundana, porteños en pleno siglo XXI, se espera lo mismo que Hashem esperaba de Moshé Rabenu? ¿Nos están posicionando a nosotros en el mismo escalafón que a Abayè y Rabba? Obvio que no estamos en el nivel de ninguno de ellos, todo esto es un saco que nos queda demasiado grande, no es a nuestra medida. ¿Se puede pretender de nosotros que cumplamos con las mismas exigencias que ellos? La respuesta es simple: No. No tenemos la capacidad espiritual para afrontar tal nivel de exigencia, nos están sobrecargando con algo demasiado pesado para nosotros. De ser así, vuelve la pregunta: ¿Qué esperan de nosotros? Cuentan que había un enfermero novato que entró a trabajar a un hospital. En unos de sus primeras jornadas, le tocó cubrir el turno noche de la guardia de terapia intensiva. Asustado fue a hablar con el director del hospital, alegando que era demasiado trabajo para él solo y peor aún, siendo el un principiante. El director poniéndole una mano en el hombro lo calmó diciendo: “tu misión es que estos internados, pasen una noche tranquila. Si en algún momento algo se complica, llamá y te mandamos refuerzos”, y de esta forma, se despidió el director. Comienza la noche. El enfermero se sienta en la enfermería, cuando suena una llamada de un paciente. Se acerca a la habitación, lo atiende y vuelve a la enfermería. Intenta sentarse, pero otra llamada proviene de otro enfermo que necesita ayuda. Va, lo atiende y antes de terminar, ya suena una nueva llamada de otra habitación. Así, comienza el pobre inexperimentado a correr de pieza en pieza, intentando solucionar de la mejor manera cada dolencia que aqueja a sus pacientes. Exhausto, el pobre enfermero se encuentra a si mismo con una carga mucho más grande de lo que él podría cargar. Y a la madrugada, sucedió la tragedia. Mientras corría de un enfermo a otro, no llegó a atender una llamada y el pobre enfermo falleció. Al pobre enfermero lo llevan a juicio, y él se defiende. ¿Por qué me culpan? Trabajé y me esforcé al máximo. Corrí de una cama a la otra, sin parar un segundo. ¡Soy inocente! Simplemente no llegué a atender al paciente y se murió. El juez le recrimina: a vos te dijeron que si en algún momento algo se complicara, llamaras y te mandarían refuerzos. No te estamos acusando por no poder atender a todos, ya que esa no era tu función, ya se sabe que un enfermero solo, no puede. A vos se te está juzgando por no haber pedido ayuda… Lo mismo pasa con nosotros. En verdad, por nuestro nivel espiritual, no podemos ni estudiar Torah, ni cumplir mitzvot, ni mucho menos luchar contra el ietzer hará. Eso Hashem lo sabe muy bien. Entonces ¿Cuál es el reclamo que nos hacen? Hashem solo quiere que le pidamos ayuda. Ayúdame Bore Olam a poder entender lo que estudio. Ayúdame a poder mejorar mis actos. Ayúdame a vencer al ietzer hará. Bore Olam puede hacer lo imposible, posible. Puede lograr que nosotros avancemos en Torah, mejoremos nuestras conductas e inclusive, puede hacer que venzamos al ietzer hará. Pero, hay una condición: solo se ayuda al que pide ayuda. Podríamos decir, que la meta general es llegar a entender que EN OD MILEVADO y la meta particular es llegar a lograr una relación directa con Hashem. Lograr que Hashem sea parte de nuestra vida cotidiana. Ayúdame con tal cosa, ayúdame con tal otra, gracias Hashem por esto y gracias por aquello. Cuando una persona estaba en peligro y el médico que lo atendió le salvó la vida y se generó una amistad entre ambos, si le preguntamos al paciente qué fue más importante para él, la amistad con el médico o el hecho que este le salvo la vida, obviamente responda que el salvarle la vida. En cambio con Hashem pasa todo lo contrario. ¿Qué es más importante, el hecho que Hashem nos da la vida o el vínculo que tenemos con Él? Nos enseña David Hamelej en el Tehilim (63), que el apego a Él es mucho más. Tal y como dice “כי טוב חסדך מחיים” es mejor Tu favor más que la vida ¿Por qué? Porque ahora estamos vinculados y puedo hablarte. Y esto es una enseñanza grandiosa. ¿Qué ganamos cuando hacemos una tefila con más concentración? Seguramente, que nos concederán todo lo que pedimos, pero lo principal que se gana es la conexión con el Bore Olam. Lo hacemos a Bore Olam participes en nuestra vida cotidiana. Asi de esta forma llegaremos a Simjá Torah y podremos gritar bien fuerte "אתה הראת לדעת כי ה' הוא האלוקים אין עוד מלבדו" Shabat Shalom!

 

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